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jueves, 1 de noviembre de 2012

Halloween a la chilena: leyendas porteñas



El caso de la tumba de Martín Busca, que data de 1945. Cuenta la leyenda que este hombre era paupérrimo y de un día para otro se convirtió en millonario. Había hecho un pacto con el diablo: fortuna a cambio de su alma una vez muerto, a penas su cuerpo tocara tierra.  Su mausoleo en el Cementerio Playa Ancha es abierto, hay que subir dos peldaños para entrar en él. Su ataúd es una gran caja de cemento levantada en el aire por cuatro patas de dragón (con seis dedos; el número del diablo). El piso tiene cuatro capas y su techo ovalado está pensado para resistir terremotos. Es decir, Martín Busca se las ingenió para que su cuerpo nunca tocara tierra. El hombre en vida fue un buen hombre, ayudó a quien pudo con su fortuna. Pero el mal rodea su sepulcro, en espera que algo pase y pueda llevárselo. Es por eso que quienes hacen brujería ocupan este lugar para conectarse con el diablo. Prueba de ello son las cruces y estrellas que dibujan sobre su ataúd, raspando el cemento con una moneda.





Una de las tantas Cuevas del Chivato, existió al pie de un cerro de la ciudad de Valparaíso, y dicen que era honda como la eternidad. Esta cueva estaba situada en el centro de la población. Los habitantes de Valparaíso sabían que había dado a la cueva su nombre y mucha celebridad cierto chivato monstruoso que, por la noche, salía de ella para atrapar a cuantos por ahí pasaban. Era fama que nadie podía resistir a las fuerzas hercúleas de aquel feroz animal y que todos los que caían en sus cuernos eran zampuzados en los antros de la cueva, donde los volvía Imbunches si no querían correr ciertos riesgos para llegar a desencantar a una muchacha que el chivo tenía embrujada en lo más apartado de su vivienda.

Los que se arriesgaban a correr aquellos peligros tenían que combatir primero con una sierpe que se les subía por las piernas y se les enroscaba en la cintura, en los brazos y la garganta, y los besaba en la boca; después tenían que habérselas con una tropa de carneros que los topaban atajándoles el paso, hasta rendirlos, y si triunfaban en esta prueba, tenían que atravesar por entre cuervos que les sacaban los ojos, por entre soldados que les pinchaban. De consiguiente, ninguno acababa la tarea y todos se declaraban vencidos antes de llegar a penetrar en el encanto. Entonces no les quedaba más arbitrio para conservar la vida, que dejarse imbunchar, y resignarse a vivir para siempre como súbditos del famoso chivato, que dominaba allí con voluntad soberana y absoluta.

Lo cierto es que nadie volvía de la Cueva a contar lo que acontecía, y que casi no había familia que no lamentara la pérdida de algún pariente en la Cueva, ni madre que no llorase a un hijito robado y vuelto imbunche por el chivato, pues es de saber que éste no se limitaba a conquistar vasallos entre los transeúntes, sino que se extendía hasta robarse todos los niños malparados que encontraba en la ciudad. 





Emile Dubois (nacido en Étaples, Pas-de-Calais, 29 de abril de 1867 - Valparaíso, 26 de marzo de 1907), fue también conocido como Emilio Dubois, Emilio Morales o Emile Murraley, todos alias del inmigrante francés Louis Amadeo Brihier Lacroix, hijo de José Brihier y María Lacroix.

Fue un asesino en serie, que se hizo famoso en Chile a comienzos del siglo XX al ser acusado y posteriormente condenado por matar, entre los años 1904 y 1906, a cuatro personas extranjeras, que eran connotados hombres de sociedad. Ellos fueron, Ernesto Lafontaine, comerciante francés y primer alcalde de Providencia —entre los años 1897 y 1900—;Gustavo Titius, empresario alemán; Isidoro Challe, comerciante francés; y Reinaldo Tillmans, comerciante inglés.  El primer asesinato de Dubois registrado en Chile, ocurre en Santiago. El cuerpo de Ernesto Lafontaine fue encontrado por Román Díaz, regidor y amigo personal de la víctima, en el escritorio en la oficina que Lafointaine tenía en la calle Huérfanos. Su cuerpo se encontraba mutilado a golpes. Entre otras pertenencias, desapareció un reloj de oro, las llaves de la caja fuerte y dinero en efectivo. Finalmente, este reloj de oro sería un elemento de prueba fundamental, para establecer la culpabilidad de Dubois durante el jucio en su contra, llevado a cabo en Valparaíso. Finalmente, los hechos que le hicieron tristemente célebre tuvieron lugar en la ciudad de Valparaíso y fue en esta misma ciudad donde Dubois fue capturado, juzgado y finalmente ejecutado por un pelotón de cuatro fusileros el día 26 de marzo de 1907.  Según los cronistas de esa época, las víctimas de Dubois eran usureros, por lo que el pueblo lo tildó en una especie de Robin Hood chileno, considerando los asesinatos como actos de justicia del proletariado contra la burguesía.  La cultura popular desde entonces lo ha elevado al estatus de santo popular, transformándose su tumba, ubicada en el cementerio Playa Ancha de Valparaíso, en una venerada animita llena de innumerables placas de agradecimiento por favores concedidos.





Fuente: Ciudad de Valparaíso, Wikipedia



Halloween a la chilena: La Llorona



Halloween es también conocida como  Noche de Brujas o Noche de Difuntos, es una fiesta de origen celta que se celebra principalmente en los Estados Unidos, Canadá, Irlanda, el Reino Unido y en países no anglosajones como México y Colombia en la noche del 31 de octubre. Tiene origen en la festividad celta del Samhain y la festividad cristiana del Día de Todos los Santos. En gran parte, es una celebración secular aunque algunos consideran que posee un trasfondo religioso. Los inmigrantes irlandeses transmitieron versiones de la tradición a América del Norte durante la Gran hambruna irlandesa de1840. El día se asocia a menudo con los colores naranja, negro y morado y está fuertemente ligado a símbolos como la Jack-o'-lantern. Las actividades típicas de Halloween son el famoso truco o trato y las fiestas de disfraces, además de las hogueras, la visita de casas encantadas, las bromas, la lectura de historias de miedo y el visionado de películas de terror.

Halloween tiene su origen en una festividad céltica conocida como Samhain, que deriva de irlandés antiguo y significa fin del verano. Los antiguos britanos tenían una festividad similar conocida como Calan Gaeaf . En el Samhain se celebraba el final de la temporada de cosechas en la cultura celta y era considerada como el «Año nuevo celta», que comenzaba con la estación oscura.

Desde hace algunos años se adoptó esta fiesta en Chile por las compañías multinacionales que nos proveían de productos para celebrar esta fiesta, principalmente dulces, poco a poco la población se acostumbró a ver como un grupo minoritario de personas celebraban dicha fiesta, con el pasar del tiempo los niños se disfrazaron, los jóvenes realizaban fiestas, las familias adornaban sus casas y ya pronto estábamos todos envueltos celebrando Halloween, aunque no quisiéramos.

Si tratamos de ambientar esta fiesta a nuestras costumbres, mitos y leyendas podríamos considerar a la reina  y señora de las leyendas a nivel mundial "La Llorona" que tiene muchas versiones locales en varios paises.... y nosotros obviamente tenemos las nuestras.

Las diferentes leyendas chilenas sobre la Llorona van desde algunas versiones muy semejantes a la mexicana, hasta versiones muy particulares del folclore chileno. Las versiones chilenas definen al espectro como el espíritu de una mujer que busca a su hijo, caracterizándose por ser un espíritu que tiene una relación especial con la muerte.

En cualquier caso, se trata de una mujer que estaba celosa de su marido, porque compartía más tiempo con sus 2 hijos y con ella no compartía nada, por lo que la mujer tiró a sus dos hijos a un río, donde los ahogó. Al llegar su esposo a casa le pregunta por sus hijos, la mujer le dijo que los había tirado al río porque él no compartía nada de tiempo con ella. Debido a esto tuvieron varias discusiones que los llevó a separarse. La mujer queda desolada por lo que hizo y murió de pena. La leyenda cuenta que llora porque perdió a sus hijos y a su marido.


La Pucullén

En la versión distintiva de la tradición chilena, la Llorona se llama la Pucullén (de cullen, lágrima, y pu, plural). Se dice que llora eternamente porque le quitaron a su hijo de sus brazos a muy corta edad. Es una presencia fantasmal vestida de blanco, a la que sólo puede ver la gente que está cercana a la muerte, algunas personas con habilidades especiales (como las Machis o los Calcus) y los animales que tienen los sentidos más agudos, entre ellos los perros, que lanzan lastimeros aullidos cuando perciben su presencia.

La Pucullén es una guía de los muertos, que indica con sus pasos y llantos el camino que debe recorrer el muerto para dirigirse desde su morada terrenal hacia el más allá. Se dice que llora como plañidera por todos los familiares del difunto, para que todos ellos se consuelen pronto de la pérdida; además, evita que el espíritu del muerto decida acudir a penarlos, disconforme con las pocas lágrimas y manifestaciones de pesar de sus parientes. Algunos cuentan que si uno se frota los ojos con lágrimas de perro, podrá verla; pero si el corazón del que observa no es firme, la imagen será espantosa.

Con sus abundantes lágrimas, que forman un charco cristalino, la Pucullén señala el sitio preciso en el campo santo donde debe abrirse la fosa para depositar el féretro. Se dice que si esto sucede, debe utilizarse toda la tierra necesaria para cubrir por completo el féretro, pues en caso contrario antes de un año morirá un familiar del difunto. Como castigo por el descuido que la llevó a perder a sus hijos, roba los hijos de otras madres, confundiéndolos con los de ella.


La Llorona del puente de San Carlos

Según otra versión, los hechos sucedieron en el puente Lingue, en Litueche. Era un día de lluvia torrencial y el puente tenía mucha corriente, siendo muy peligrosa. Un señor que observaba lo que pasaba vio a una mujer con un bebé en los brazos. Ella, muy afligida por la lluvia, se apoyó en el palo del puente, gritó y gritó, confundiéndose sus gritos con los llantos del niño. Después, el bebe desapareció entre las aguas y la mujer se lanzó al agua, donde murió ahogada sin llegar a encontrar a su bebé. Desde entonces, cada vez que llueve se escucha llorar de forma inconsolable a la mujer. Sólo cuando encuentre a su hijo cesará su llanto.


La Llorona y el Diablo

En Valparaíso se dice que la Llorona fue una mujer que se casó con el Diablo. Esta mujer se enamoró de él pensando que era un hombre bueno, sin saber quién era en realidad. Un día, el Diablo llegó más temprano de lo normal a su casa y la mujer aún no tenía preparada la comida. Salió a comprar para cocinar, pero el Diablo no aguantó más y tuvo que matar a sus hijos. Cuando volvió la mujer, desconsolada lloraba por sus hijos todas las noches. Un día, el Diablo se cansó de sus llantos continuos. La amarró a la cama con unas cadenas y le enterró una estaca en el corazón. Desde ese momento, la Llorona recorre las calles de toda la región arrastrando sus cadenas y llorando por sus hijos perdidos.






Fuente: Wikipedia



jueves, 16 de septiembre de 2010

Bicentenario: Mitos y Leyendas de Valparaíso; La Cueva del Chivato

En Valparaíso, en los terrenos que hoy ocupa el edificio del Diario “El Mercurio”, desde 1899, existía una cueva excavada en la roca de singular origen. Algunos vecinos aseguraban que su existencia se debía a cateos mineros realizados en tiempos coloniales; otros pensaban que su origen se debía a causas naturales, posiblemente producto de la continua acción del mar; pero los más creían que su nacimiento obedecía a los invencibles poderes del demonio.

La caverna estaba situada muy cerca de unas peligrosas rompientes en donde el mar azotaba con furia. Se comentaba que allí en ese misterioso lugar, el Diablo, transformado en un Chivo maligno, se acercaba al Océano en busca de sirenas que, de tiempo en tiempo, venían hasta los roqueríos a peinar sus húmedas cabelleras.

LA CUEVA DEL CHIVATO, como se la denominó desde el siglo XVII, tomó posesión en la fértil imaginación del pueblo y se fue transformando en un bullente aquelarre de brujos, con poderes sobrenaturales y pleno de extraños y desgraciados acontecimientos.

Muy pronto la CUEVA DEL CHIVATO tomó dimensiones fabulosas y eran muy pocas las personas que se aventuraban de noche a pasar por su fatídico boquerón.

Ubicada en un rocoso promontorio en el faldeo del Cerro Concepción, la cueva quedaba junto al obligado camino que debían seguir quienes transitaban entre el Puerto y el Almendral o viceversa.

La población porteña aseguraba que, de noche, se aparecía el Maligno transformado en un enorme Chivo dueño de tan potente mirada, que podía hipnotizar y petrificar a sus víctimas impidiéndoles cualquier intento de fuga.

Los que lograban huir, lo hacían tan desesperadamente que morían destrozados entre las abruptas rompientes o escapaban abandonando tras sí todas las pertenencias que portaban.

Al camino que pasaba por la CUEVA DEL CHIVATO se le bautizó posteriormente con el nombre de “Calle del Cabo”, sendero que terminaba en la QUEBRADA DE ELIAS, actual PLAZA ANIBAL PINTO.

Entre los siglos XVII y XVIII, sólo un reducido número de humildes casas, se levantó en el sector que era el paso obligado de jinetes, carretas, calesas y coches. Todos preferían hacer la jornada diurna, porque la nocturna arriesgaba a infortunados encuentros con el “Maligno”. Tanto fue el terror que creó esta leyenda, que en 1814, la policía optó por crear un farolito sobre una estaca para brindar algo de visibilidad al rocoso promontorio.


Casi a fines del siglo XVIII, don Joaquín de Villaurrutia, prestigioso comerciante vasco adquirió todos los terrenos y casas ubicadas en la Calle del Cabo, incluyendo la misteriosa Cueva del Chivato. De inmediato, se procedió a dinamitar el peñón donde estaba situada la caverna para construir los edificios que servirían de bodegas para sus transacciones comerciales. Cuando la fortuna comenzó a sonreírle, también la desgracia comenzó a ensañarse con él. Innumerables problemas políticos, monopólicos y hasta guerreros comenzaron a preocuparlo.

Villaurrutia, logró ser dueño de una fragata con la que deseaba mantener el régimen colonial, pero muy pronto cayó en poder de los patriotas durante gloriosos acontecimientos producidos en 1821. Aún así la mala suerte siguió a la nave la que fue destruida durante un violento temporal que la estrelló en los roqueríos que existían frente a la CUEVA DEL CHIVATO en 1839.

Corría el año 1833, cuando don José Waddington compró una gran parte del Cerro Concepción, incluyendo los terrenos de la CUEVA DEL CHIVATO y otros en la Calle del Cabo, hoy calle Esmeralda. El comerciante inglés ordenó nuevas demoliciones del fatídico promontorio haciendo desaparecer definitivamente la legendaria Cueva.

Según la tradición, los maleficios del antro maldito alcanzaron también la riqueza de Waddington, muerto en 1876, a los 84 años.

Se cuenta que en 1830, un grupo de marineros ingleses ingresaron a la CUEVA DEL CHIVATO, expulsando de ella a un grupo de vagos y delincuentes de la peor calaña, que habían ubicado allí su centro de operaciones, ellos eran y no otros, los autores de todos los delitos atribuidos al “maléfico” chivo.

El 19 de Julio de 1978, un grupo de autoridades encabezadas por el Intendente y Alcalde de la ciudad, procedieron a descubrir una placa recordatoria en el lugar donde existiera la CUEVA DEL CHIVATO.


Fuente: Municipalidad de Valparaíso. Fotografía: Puerto de Escape.cl





jueves, 9 de septiembre de 2010

Bicentenario: Mitos y Leyendas de Valparaíso; La Oriflama

Caían las primeras sobras del 23 de Junio de 1770 cuando en las cercanías del puerto de Valparaíso, fue divisado el bizarro velero español ORIFLAMA, que al mando del Capitán don José Antonio Alzaga y del piloto don Manuel de Buenechea, había zarpado a principios del mismo año, desde el puerto de Cádiz.

El gallardo bergantín ORIFLAMA, bellísima nave española, ingresó al Océano Pacífico impulsada por recios vientos que presagiaron malos momentos a casi 300 pasajeros y tripulantes.

Sucedió que, a poco de navegar, una misteriosa epidemia provocó una horrenda mortandad entre la tripulación, la que se acentuó pronto con una escasez de alimentos que produjo una desesperada hambruna. El Capitán don Juan Esteban de Ezpeleta, que comandaba el velero “Gallardo”, ordenó disparar una salva de cañonazos en homenaje a su amigo el Capitán Alzaga, sin embargo, desde la nave de igual matrícula, nadie respondió el saludo. Ezpeleta ordenó alcanzar al silencioso velero, presintiendo que algo grave ocurría a bordo, pero la noche impidió su empeño. Tan solo al otro día un bote, perteneciente al “Gallardo”, logró abordar al ORIFLAMA... El espectáculo era sobrecogedor, aterrante, macabro; 149 pasajeros y tripulantes yacían muertos diseminados entre los 106 sobrevivientes, casi todos moribundos.

Los marineros del “Gallardo” no lograron imponerse sobre los verdaderos motivos que produjeron tales efectos, porque los que aún daban señales de ida no podían hablar, ni siquiera moverse. Cuando volvieron al barco del Capitán Ezpeleta, contaron las verdaderas razones del silencio recibimiento por parte de la ORIFLAMA y porqué la nave mantenía solamente una vela izada. El Capitán visiblemente conmovido, ordenó el rápido transporte de víveres y medicamentos, eligiendo de inmediato 40 hombres para socorrer a las víctimas de tan brutal epidemia. Cuando la orden comenzaba a cumplirse y los botes estaban prestos a ser descolgados, un violento temporal comenzó a desencadenarse en la bahía y las naves hermanas empezaron a separarse cada vez más. Todo el día el temporal se ensañó con el “ORIFLAMA” y el mar tempestuoso lo convirtió en un frágil juguete de las olas.

Las primeras sombras de la tarde mostraron de él tan solo un destartalado velero a punto de zozobrar que apenas mostraba su arboladura en lontananza.

Pronto sobrevino la noche, una noche de aguaceros y vientos furibundos. Las jarcias y los mástiles rumoreaban una oración extraña y sobrecogedora. La tripulación del “Gallardo” pensaba que el ORIFLAMA estaba irremediablemente perdido, que a esa hora sus escasos tripulantes y pasajeros habrían expirado gracias al viento frío y al aguacero.

Muchos marineros rezaron por sus compañeros y amigos para que Dios se apiadara de ellos y concediera eterno descanso a sus almas. De pronto, sucedió un alucinante acontecimiento: el velamen del ORIFLAMA comenzó misteriosamente a ser izado y rápidamente el viento inflamó sus velas. Tanto y tanto se hincharon que en un breve lapso la “Nave de los Agonizantes” zarpó con rumbo desconocido.

El ORIFLAMA encendió toda sus luces y, así emgalanada, con sus mástiles y palo mayor iluminados, se alejó velozmente noche adentro.

El Capitán Ezpeleta, aferrado al barandal de proa, no podía convencerse de que cuanto estaba sucediendo era realidad...

Así fue como el hermoso velero gaditano: El ORIFLAMA, ingresaba al misterioso círculo de los “barcos fantasmas” que de tiempo en tiempo aparecen a los marinos que surcan nuestro litoral.

El ORIFLAMA frecuenta los puertos nacionales mostrando sus velas hinchadas, plenamente iluminado y con su macabro cargamento de 300 tripulantes y pasajeros muertos. Esta es la historia del bergantín fantasma llamado también la NAVE DE LOS AGONIZANTES.


Fuente: Municipalidad de Valparaíso


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