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jueves, 24 de noviembre de 2011

Liquid Robotics: explorando los océanos



Las máquinas flotantes serán capaces de recorrer más de 9.000 millas por año y de sondear las profundidades para recoger datos sobre la fauna, los lechos oceánicos y el agua misma, que son transmitidos en tiempo real a tierra firme. Y de hacerlo recortando notoriamente los costos de recolección de información con las tecnologías preexistentes.  En el plazo de casi un año, se prevé que estos equipos recolecten 2,25 millones de datos discretos. Para acompañar la expedición, se ha lanzado una convocatoria abierta a científicos de todo el mundo para premiar la idea más innovadora sobre cómo usar esta información recopilada en ultramar.

De lograrlo, el premio para Liquid Robotics –la empresa de Silicon Valley que está detrás del proyecto-, será batir el récord Guinness de navegación no tripulada. Además, claro, de abrir para sus "criaturas" marinas un abanico de posibilidades comerciales. El germen de la idea surgió de la necesidad de seguirles los pasos a las ballenas jorobadas de Hawaii. Allí, la Fundación de Investigación Júpiter pidió a un grupo de investigadores del Silicon Valley que diseñara dispositivos para poder registrar los sonidos de estos cetáceos sin necesidad de anclar los equipos de grabación al suelo oceánico. Así surgieron los equipos de Liquid Robotics, que son capaces de impulsarse solos mediante el uso de energía eólica y solar, lo que les otorga autonomía de navegación teóricamente sin límites.

A primera vista, alguien podría confundirlos con tablas de surf para gigantes: los robots son pequeñas balsas, de dos metros de largo por medio de ancho, hechas del mismo material que los equipos de surf y puestos a flotar sobre las olas. En un mástil externo tienen una estación de medición climática y, debajo del agua, están unidos por un cordón umbilical a un zepelín que funciona como hélice, impulsada por la energía solar que le proveen dos paneles en la superficie. Pero el verdadero tesoro está en cajas selladas de aluminio: allí se alojan los sensores, con conectores a prueba de agua, capaces de recoger millones de datos para almacenarlos en pequeños chips.


El principal desafío, según sus responsables, ha sido el diseño de del software que controla los robots, que debía ser lo suficientemente robusto como para no generar dolores de cabeza durante una misión de ultramar. Para ello, sumaron al proyecto al padre del lenguaje de programación Java, que hoy se usa en la mayoría de las aplicaciones web. James Gosling –tal su nombre- se encargó de crear una red para los robots bajo el concepto de "nube" (cloud computing, en inglés) que rige las redes de los usuarios personales. Al no estar tripulados, los robots pueden aventurarse a las aguas en cualquier condición climática. Aunque allí afuera también tienen sus desafíos por sortear, desde las grandes tormentas a la amenaza de los tiburones (en un prototipo, un sensor recibió una mordedura letal) o la necesidad de contar con un sistema de alertas para evitar choques con embarcaciones. En el trayecto, se ocuparán de recoger datos sobre temperatura y salinidad, sobre la biología submarina (por ejemplo, determinar si hay superpoblación de una especie en un área determinada), el comportamiento de las olas en altamar, la composición química o la posible existencia de crudo, entre otras cosas.

Entre sus usos concretos, los científicos destacan la posibilidad de medir variables para avanzar en el entendimiento del cambio climático, de detectar alertas de tsunami que sólo se perciben en aguas profundas o incursionar en el centro de un huracán para poder comprender mejor la dinámica de este fenómeno meteorológico.

Liquid Robotics ha trabajado con la Administración del Océano y la Atmósfera de Estados Unidos y, además de los centros de investigación científica, ha despertado el interés de empresas de transporte naviero o compañías de petróleo y gas.

Los costos son parte del atractivo: por unos US$3.00 al día que cuesta solventar un robot, se puede reemplazar una embarcación que recoja datos similares cuyo mantenimiento sale hasta 35 veces más.


Fuente: BBC




viernes, 9 de julio de 2010

Leviathan: un monstruo submarino


Un equipo internacional de paleontólogos ha encontrado en el desierto en el sur de Perú el cráneo y la mandíbula de un gigantesco y fiero antecesor de los cachalotes modernos, que vivió hace entre 12 y 13 millones de años y devoraba ballenas. El cráneo tiene tres metros de largo y una poderosa mandíbula dotada de dientes superiores e inferiores de hasta 12 centímetros de diámetro y 36 centímetros de largo, que permitían a la criatura destrozar a sus presas como lo hacen hoy las ballenas asesinas, según un estudio publicado hoy en la revista científica Nature. Pero una ballena asesina, que mide menos de 9 metros de largo, parece enana al lado de esta especie hoy extinta, que ha sido bautizada "Leviathan melville" en honor del novelista estadounidense Herman Melville, autor de "Moby Dick". Se trata del fósil más grande de cachalote encontrado hasta la fecha y se calcula que el tamaño de su cuerpo era de entre 13,5 y 17,5 metros, similar al de un Physeter macrocephalus (cachalote) adulto actual. Lo que diferencia a ambos es que los cachalotes modernos carecen de dientes superiores y por ello succionan a sus presas, generalmente cefalópodos, a grandes profundidades.

El paleontólogo holandés Klaas Post y sus colegas peruanos, franceses e italianos encontraron el fósil en noviembre de 2008 en la localidad de Cerro Colorado, en el desierto costero cercano a las ciudades de Pisco e Ica, una zona rica en fósiles de animales marinos. El hallazgo tuvo lugar en el último día de la expedición, en una capa de sedimentos donde también han aparecido tiburones gigantes, que al parecer coexistieron con el "Leviathan", con el que competían por las mismas presas. El descubrimiento echa luz sobre la diversidad de la especie de los cachalotes en el pasado, según los científicos. Mientras los depredadores como el "Leviathan" no sobrevivieron al enfriamiento del clima del Mioceno tardío, el linaje de los modernos cachalotes se ha mantenido hasta hoy con un menú diferente, consistente en calamares. El fósil, en buen estado de conservación, se encuentra en el Museo de Historia Natural de Lima.

Conoce más sobre Leviathan en la página oficial de Nature, ingresando AQUÍ



sábado, 30 de agosto de 2008

Gigantes Con Un Triste Final

Las ballenas son un suborden de mamíferos marinos encuadrados en el orden Cetacea. En los últimos años instituciones de investigación marítima internacionales han registrado un aumento en el número de ballenas que mueren durante la época de reproducción. Ante este panorama, los biólogos se han dado a la tarea de analizar los cadáveres para conocer las causas de su fallecimiento. Al igual que en los seres humanos, cuando el corazón deja de latir el cuerpo de las ballenas comienza a llenarse de bacterias intestinales que les provocan hinchazón. Si el cadáver no es retirado de la playa, al cabo de un mes las olas comenzarán a flexionar la piel del vientre, tanto que lo abrirán y saldrán sus entrañas.

Puedes obtener más información en: (http://www.icbargentina.com.ar/template.asp) o (http://www.ballena.cl/)

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