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martes, 19 de junio de 2012

Obesidad = epidemia mundial



El sobrepeso y la obesidad se definen como una acumulación anormal o excesiva de grasa que puede ser perjudicial para la salud.
El índice de masa corporal (IMC) es un indicador simple de la relación entre el peso y la talla que se utiliza frecuentemente para identificar el sobrepeso y la obesidad en los adultos. Se calcula dividiendo el peso de una persona en kilos por el cuadrado de su talla en metros (kg/m2).
La definición de la OMS es la siguiente:
  • Un IMC igual o superior a 25 determina sobrepeso.
  • Un IMC igual o superior a 30 determina obesidad.
El IMC proporciona la medida más útil del sobrepeso y la obesidad en la población, puesto que es la misma para ambos sexos y para los adultos de todas las edades. Sin embargo, hay que considerarla a título indicativo porque es posible que no se corresponda con el mismo nivel de grosor en diferentes personas.
La causa fundamental del sobrepeso y la obesidad es un desequilibrio energético entre calorías consumidas y gastadas. En el mundo, se ha producido:
  • un aumento en la ingesta de alimentos hipercalóricos que son ricos en grasa, sal y azúcares pero pobres en vitaminas, minerales y otros micronutrientes, y
  • un descenso en la actividad física como resultado de la naturaleza cada vez más sedentaria de muchas formas de trabajo, de los nuevos modos de desplazamiento y de una creciente urbanización.
A menudo los cambios en los hábitos de alimentación y actividad física son consecuencia de cambios ambientales y sociales asociados al desarrollo y de la falta de políticas de apoyo en sectores como la salud; agricultura; transporte; planeamiento urbano; medio ambiente; procesamiento, distribución y comercialización de alimentos, y educación.
En las últimas tres décadas las tasas de obesidad global se han duplicado y ahora viven en el mundo más de 500 millones de personas obesas.
Este exceso en el peso corporal está causando tres millones de muertes cada año, según cifras de la Organización Mundial de la Salud.Algunos culpan a nuestro estilo de vida, que nos ha vuelto cada vez más sedentarios, pasando horas sentados frente al computador o la televisión.Pero otros expertos creen que los responsables son los alimentos que comemos. Y más específicamente, dicen, las enormes cantidades de azúcar que consumimos.Uno de los más grandes cambios en nuestra dieta se remonta a los años 70, cuando la industria agrícola de Estados Unidos se embarcó en la producción masiva del maíz y del jarabe de maíz de alta fructosa, comúnmente utilizado hoy en todo el mundo como edulcorante en alimentos procesados.
Esto provocó un incremento masivo en las cantidades de alimentos baratos abastecidos a los supermercados estadounidenses: desde cereal hasta galletas de bajo precio.  Como resultado, las hamburguesas se hicieron más grandes y las papas fritas se hicieron más grasosas.  
El jarabe de maíz de alta fructosa (JMAF) es un subproducto de desecho del maíz, increíblemente azucarado e increíblemente barato.  Al principio se le utilizaba en casi todos los alimentos: pizza, ensaladas, carne, pasteles y pan.  Para mediados de los años 80 el JMAF ya había reemplazado al azúcar en las bebidas gaseosas, lo cual tenía sentido para la industria, ya que era un 35% más barato.  Pero según algunos científicos, además de más dulce, también es más adictivo que el azúcar.  Y esto, dicen, ha provocado que en las últimas dos décadas el consumo promedio de estas bebidas se duplique
La industria, por su parte, afirma que este incremento no ha causado la epidemia de obesidad, sino el hecho de que la gente consume demasiadas calorías.  
Por primera vez, se ha calculado el peso total de la humanidad en 287 millones de toneladas, con una media de peso por adulto de 62 kg.Dicha cifra es un tercio mayor en Estados Unidos y los investigadores aseguran que si este dato fuera replicado a nivel mundial, sería el equivalente a añadir mil millones de personas a la población del planeta.


Fuente. OMS, BBC



viernes, 23 de marzo de 2012

Pregorexia?

Algunas mujeres realizan diferentes técnicas para no subir de peso durante el embarazo por el miedo a engordar. En ciertos casos la obsesión por no adquirir volumen se vuelve tan extrema que algunas embarazadas sufren una enfermedad denominada Pregorexia.  Algunas señales que delatan que una mujer sufre de Pregorexia son tener una preocupación excesiva por su ingesta calórica y por su aumento de peso. También son signos el que deje de comer y aumente su actividad física.

La Pregorexia es un trastorno alimentario que fomenta excesivamente la delgadez durante el embarazo. Se da en mujeres muy exigentes, pero a la vez inestables y con baja autoestima.

Las mujeres se preocupan de forma exagerada por su figura, además no quieren y tienen miedo a aumentar mucho de peso durante el embarazo, para lo cual restringen su ingesta calórica, pueden inducirse vómitos y aumentan su actividad física, para eliminar las pocas calorías que ingieren.

Es fundamental que las mujeres entiendan que existe un importante porcentaje del aumento de peso durante la gestación que es inevitable. Se distribuye entre el bebé, la placenta, el aumento del útero, el volumen sanguíneo y el líquido amniótico, sumado a la retención de líquidos, muy frecuente en el embarazo.

La Pregorexia es una enfermedad en un periodo delicado, ya que se trata de una mujer embarazada, porque el bebé se sustenta de la placenta, y la placenta de la madre; el bebé tendrá suficiente alimento mientras la placenta tenga de dónde sacar los nutrientes necesarios, es decir desnutriendo a la madre. Casos extremos, en que la placenta no tenga ya de dónde sacar nutrientes, causarán hasta la muerte de la madre y/o el bebé.
Esta enfermedad se puede extender en una paciente con anorexia, ya que uno de los síntomas de la anorexia es la amenorrea (la falta de menstruación), por lo que puede ser que una mujer con este tipo de alteración difícilmente quede embarazada. Sin embargo, durante el período de recuperación, puede haber ciclos irregulares que complican el orden de anticonceptivos y que se produzca el embarazo en esa circunstancia, en la cual la paciente todavía es muy vulnerable.  Otra posibilidad, es que una mujer que todavía no había desarrollado desorden en el hábito alimentario, lo desarrolle al principio del embarazo, siendo los principales detonantes alguna situación de cambio en su vida, como puede ser el mismo embarazo en su comienzo, ya que es el instante que se hacen más evidentes los cambio físicos derivados de la acumulación de tejido graso. Razón por la cual surge la Pregorexia en mujeres sin antecedentes.  Para un apropiado desarrollo del embarazo las mujeres deben controlar su peso, el promedio de kilos que una madre de peso normal tiene que subir varía entre los 10 y 15 kilos durante todo el embarazo, para una madre con sobrepeso se espera que sea entre 7 y 10 kilos y una madre que este bajo el peso normal debiera subir entre 15 a 20 kilos, los cuales son necesarios para todo el proceso fisiológico de la madre y el proceso de desarrollo fetal del bebé.

Las consecuencias que puede traer la desnutrición de la madre antes y durante el embarazo influyen en recién nacidos con bajo peso. Una mujer en edad fértil y con planes de embarazo que pesa menos de 50 kilos, tiene mayor riesgo de tener un niño desnutrido, sobre todo si no logra aumentar de peso durante la gestación.

En la adultez, debido a la programación fetal, ese hijo puede presentar resistencia a la insulina, obesidad, aumento del apetito, más acumulación de grasa en el tejido abdominal y mayor incidencia de enfermedades cardiovasculares.

Las mujeres con Pregorexia tienen problemas para crear vínculos afectivos y demostrar sus emociones. Por lo que puede tener problemas para generar vínculos con el bebé durante el periodo de lactancia.

El tratamiento para este trastorno alimenticio debe trabajar un equipo constituido por nutricionistas, psicólogos y psiquiatras. Para que el embarazo llegue a término y que el estado de salud (físico y psicológico) de la madre y del bebé no presente complicaciones.



Fuente: Wikipedia, Revista Buena Salud.



viernes, 26 de agosto de 2011

Cuidado la TV te puede hacer morir más joven

British Journal of Sports Medicine sugiere que quienes pasan en su vida una media de seis horas diarias viendo televisión, tienen una esperanza de vida cinco años menor. El estudio de la Universidad de Queensland dice que cualquier tiempo sentado delante de la pantalla puede acortarle la vida. Una de las conclusiones del estudio: "Ver la televisión puede tener consecuencias adversas para la salud que rivalizan con los de la falta de actividad física, la obesidad y el tabaquismo: cada hora delante de la pantalla puede acortar la vida 22 minutos".

Quienes ven la televisión tienden a llevar estilos de vida sedentarios y poco saludables. No son las seis horas de exposición a la pequeña pantalla lo que los mata, es que ese tiempo no lo pasan caminando o haciendo ejercicio. A principios de año, un estudio en EE.UU. descubrió que más de dos horas de televisión al día incrementaba el riesgo de diabetes del clictipo 2 y enfermedades cardiovasculares. Más de tres horas llevaba un riesgo de muerte prematura. En lo que coinciden todos los estudios es en que la actividad física es beneficiosa y unos pequeños cambios pueden llevar a más largos y saludables estilos de vida.


Fuente: BBC

lunes, 8 de noviembre de 2010

Ponerse a tono para el verano...

Definimos el ejercicio físico como una actividad física planificada, estructurada y repetitiva que tiene como objetivo mejorar o mantener los componentes de la forma física.

Entendemos por actividad física cualquier movimiento corporal producido por los músculos esqueléticos. De este movimiento resulta un gasto energético que se suma al del gasto del metabolismo basal.

Hablamos de deporte cuando la actividad es reglada y competitiva.

Una persona en buena forma física es la que se desenvuelve diariamente con vigor y diligencia, sin fatiga excesiva y con energía para hacer actividades.

El ejercicio físico atenúa la sensación de fatiga, baja los niveles de colesterolemia, y refuerza la capacidad de la sangre para disolver los coágulos que pueden conducir a una trombosis. Es, asimismo, sumamente eficaz en trastornos psicológicos ligados con emociones depresivas.

Libera endorfinas, secreciones semejantes a la morfina, producidas por el cerebro; las endorfinas amortiguan dolores en el plano corporal y facilitan sentimientos de placer y hasta de euforia.

Las personas que han adoptado como estilo de vida la gimnasia, generalmente duermen mejor, tienen menores ansiedades y tensiones. Están prácticamente inmunizados contra el estrés.

El ejercicio regular, más que las dietas, ayudan a la caída en el sobrepeso. Factor de longevidad comprobado contribuye a la calidad de vida en la vejez. Para el sistema cardiorrespiratorio se recomienda el aerobismo. Para el refuerzo de articulaciones y musculatura, está prescripta lacalistenia y, de modo más avanzado, para la incrementación de la fuerza, los ejercicios con aparatos y pesas. Para un buen ejercicio no se recomienda realizar más de 20 minutos las primeras semanas. A medida de que el cuerpo tome como hábito el ejercicio físico, podrá irse agregando más tiempo de ejercicio.


Realiza actividades que requieran esfuerzo físico con regularidad, súmale una buena dieta que tenga comidas con horario establecido, en las consideres alimentos como cereales, frutas, verduras, mariscos, pescados, aceites vegetales, leche descremada, gelatina con sucralosa, reemplaza el pan por galletas de salvado de trigo o de cereal integral. No te olvides de consultar previamente a tu médico para que te evalúe en que condición física te encuentras y supervice tu evolución.




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