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martes, 24 de abril de 2012

Anillo de Fuego del Pacífico



El Cinturón o Anillo de Fuego del Pacífico está situado en las costas del océano Pacífico y se caracteriza por concentrar algunas de las zonas de subducción más importantes del mundo, lo que ocasiona una intensa actividad sísmica y volcánica en las zonas que abarca.

También llamado Cinturón Circumpacífico, incluye (en sentido antihorario) a Chile, parte de Argentina, parte de Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia, Centroamérica, México, parte de los Estados Unidos, parte de Canadá, luego dobla a la altura de las Islas Aleutianas y baja por las costas e islas de Rusia, Japón, Taiwán, Filipinas, Indonesia, Papúa Nueva Guinea y Nueva Zelanda.

El lecho del océano Pacífico reposa sobre varias placas tectónicas, las cuales están en permanente fricción y por ende, acumulan tensión. Cuando esa tensión se libera, origina terremotos en los países del cinturón. Además, la zona concentra actividad volcánica constante. En esta zona las placas de la corteza terrestre se hunden a gran velocidad (varios centímetros por año) y a la vez acumulan enormes tensiones que deben liberarse en forma de sismos.

El Cinturón de Fuego se extiende sobre 40.000 km (25.000 millas) y tiene la forma de una herradura. Tiene 452 volcanes y concentra más del 75% de los volcanes activos e inactivos del mundo. Alrededor del 90% de los terremotos del mundo y el 80% de los terremotos más grandes del mundo se producen a lo largo del Cinturón de Fuego. La segunda región más sísmica (5-6% de los terremotos y el 17% de terremotos más grandes del mundo) es el cinturón Alpide, el cual se extiende desde Java a Sumatra a través del Himalaya, el Mediterráneo hasta el Atlántico. El cinturón de la dorsal Mesoatlántica es la tercera región más sísmica. El Cinturón de Fuego es el resultado directo de la tectónica de placas, el movimiento y la colisión de las placas de la corteza terrestre. La sección oriental del Cinturón es el resultado de la subducción de la placa de Nazca y la placa de Cocos debajo de la placa Sudamericana que se desplaza hacia el oeste. La placa de Cocos se hunde debajo de la placa del Caribe en Centroamérica. Una porción de la placa del Pacífico, junto con la pequeña placa Juan de Fuca se hunden debajo de la placa Norteamericana. A lo largo de la porción norte del cinturón, la placa del Pacífico, que se desplaza hacia el noroeste, esta siendo subducida debajo del arco de las Islas Aleutianas. Más hacia el oeste, la placa del Pacífico está subducida a lo largo de los arcos de la península de Kamchatka en el sur más allá de Japón. La parte sur es más compleja, con una serie de pequeñas placas tectónicas en colisión con la placa del Pacífico, desde las Islas Marianas, Filipinas, Bougainville, Tonga, y Nueva Zelanda. Indonesia se encuentra entre elcinturón de Fuego a lo largo de las islas adyacentes del noreste, incluyendo Nueva Guinea, y el cinturón Alpide a lo largo del sur y oeste de Sumatra, Java, Bali, Flores y Timor.

El 22 de mayo de 1960, Chile sufrió el terremoto más intenso registrado hasta ahora; midió 9,5 grados en la escala de Richter y sacudió las ciudades de Santiago y Concepción. Murieron 5000 personas y dos millones quedaron sin hogar. Alaska sufrió tres sismos grandes en menos de ocho años. El 9 de marzo de 1957 un movimiento de 9,1 grados golpeó las islas Andreanof, mientras que, en 1964 y 1965, registró terremotos de 9,1 y 8,7 grados respectivamente y generó un tsunami de olas de 10 metros de alto. Todavía permanece fresco el recuerdo del terrible sismo de 9 grados del 26 de diciembre de 2004 en Indonesia y Sumatra, que desató un tsunami que mató a más de 250.000 personas. El 4 de noviembre de 1952, Rusia registró un terremoto de magnitud 9 que generó un tsunami que golpeó las islas hawaianas. Y el 31 de enero de 1906 un sismo de 8,8 grados fue registrado cerca de la costa de Ecuador y Colombia, que generó un fuerte tsunami que mató a 1000 personas.  En Tibet y la India, unas 2000 casas fueron arrasadas y 1500 personas murieron tras el movimiento de 8,6 grados registrado en la cuenca de Brahmaputra.  Por su parte, uno de los más temidos también fue el del 27 de febrero de 2010 en Chile, que produjo más de 500 muertos, con sus 8,8 grados de intensidad.



Fuente: Wikipedia, La Nación



jueves, 24 de noviembre de 2011

Liquid Robotics: explorando los océanos



Las máquinas flotantes serán capaces de recorrer más de 9.000 millas por año y de sondear las profundidades para recoger datos sobre la fauna, los lechos oceánicos y el agua misma, que son transmitidos en tiempo real a tierra firme. Y de hacerlo recortando notoriamente los costos de recolección de información con las tecnologías preexistentes.  En el plazo de casi un año, se prevé que estos equipos recolecten 2,25 millones de datos discretos. Para acompañar la expedición, se ha lanzado una convocatoria abierta a científicos de todo el mundo para premiar la idea más innovadora sobre cómo usar esta información recopilada en ultramar.

De lograrlo, el premio para Liquid Robotics –la empresa de Silicon Valley que está detrás del proyecto-, será batir el récord Guinness de navegación no tripulada. Además, claro, de abrir para sus "criaturas" marinas un abanico de posibilidades comerciales. El germen de la idea surgió de la necesidad de seguirles los pasos a las ballenas jorobadas de Hawaii. Allí, la Fundación de Investigación Júpiter pidió a un grupo de investigadores del Silicon Valley que diseñara dispositivos para poder registrar los sonidos de estos cetáceos sin necesidad de anclar los equipos de grabación al suelo oceánico. Así surgieron los equipos de Liquid Robotics, que son capaces de impulsarse solos mediante el uso de energía eólica y solar, lo que les otorga autonomía de navegación teóricamente sin límites.

A primera vista, alguien podría confundirlos con tablas de surf para gigantes: los robots son pequeñas balsas, de dos metros de largo por medio de ancho, hechas del mismo material que los equipos de surf y puestos a flotar sobre las olas. En un mástil externo tienen una estación de medición climática y, debajo del agua, están unidos por un cordón umbilical a un zepelín que funciona como hélice, impulsada por la energía solar que le proveen dos paneles en la superficie. Pero el verdadero tesoro está en cajas selladas de aluminio: allí se alojan los sensores, con conectores a prueba de agua, capaces de recoger millones de datos para almacenarlos en pequeños chips.


El principal desafío, según sus responsables, ha sido el diseño de del software que controla los robots, que debía ser lo suficientemente robusto como para no generar dolores de cabeza durante una misión de ultramar. Para ello, sumaron al proyecto al padre del lenguaje de programación Java, que hoy se usa en la mayoría de las aplicaciones web. James Gosling –tal su nombre- se encargó de crear una red para los robots bajo el concepto de "nube" (cloud computing, en inglés) que rige las redes de los usuarios personales. Al no estar tripulados, los robots pueden aventurarse a las aguas en cualquier condición climática. Aunque allí afuera también tienen sus desafíos por sortear, desde las grandes tormentas a la amenaza de los tiburones (en un prototipo, un sensor recibió una mordedura letal) o la necesidad de contar con un sistema de alertas para evitar choques con embarcaciones. En el trayecto, se ocuparán de recoger datos sobre temperatura y salinidad, sobre la biología submarina (por ejemplo, determinar si hay superpoblación de una especie en un área determinada), el comportamiento de las olas en altamar, la composición química o la posible existencia de crudo, entre otras cosas.

Entre sus usos concretos, los científicos destacan la posibilidad de medir variables para avanzar en el entendimiento del cambio climático, de detectar alertas de tsunami que sólo se perciben en aguas profundas o incursionar en el centro de un huracán para poder comprender mejor la dinámica de este fenómeno meteorológico.

Liquid Robotics ha trabajado con la Administración del Océano y la Atmósfera de Estados Unidos y, además de los centros de investigación científica, ha despertado el interés de empresas de transporte naviero o compañías de petróleo y gas.

Los costos son parte del atractivo: por unos US$3.00 al día que cuesta solventar un robot, se puede reemplazar una embarcación que recoja datos similares cuyo mantenimiento sale hasta 35 veces más.


Fuente: BBC




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