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miércoles, 22 de septiembre de 2010

Resaca a lo Bicentenario

Tras los aniversarios de independencia que se celebraron en varios países de América Latina, muchos sin duda se despertaron hoy lunes con una horrible realidad: la resaca. Muchos también se preguntarán si con tantos adelantos de la ciencia existe una cura para este molesto -y común- trastorno cuyos síntomas incluyen dolor de cabeza, náusea, sensibilidad a la luz y el ruido, letargo y sed. Todos hemos dado y recibido consejos para curar la cruda: desde tomar un par de aspirinas, comer bananas, consumir alimentos fritos, beber mucho café u otras bebidas con cafeína, tomar mucha agua, etc. etc.

La mala noticia es que hasta ahora no se ha logrado obtener evidencia científica que confirme la efectividad de éstos u otros métodos para combatir el padecimiento que también es conocido en varios países de la región con los nombres de goma o guayabo. De hecho, las crudas o resacas han sido muy poco estudiadas porque los científicos prefieren centrarse en el abuso del alcohol para encontrar formas de tratamiento y prevención. Y, hasta ahora, la principal conclusión científica es que la única forma de evitarlas es no beber del todo, o beber con moderación. Sin embrago, si usted tiene resaca, es obvio que ya es muy tarde para seguir ese consejo y lo más seguro es que sienta que una tonelada de cemento le ha caído en la cabeza. Si es así, lo único que le queda es esperar a que su organismo metabolice el alcohol ingerido y lo deseche de su cuerpo. Pero mientras eso ocurre le ofrecemos una serie de recomendaciones que quizás lo ayuden a sentirse mejor. O, por lo menos, a no sentirse todavía peor.

El etanol que contienen las bebidas alcohólicas causa deshidratación porque aumenta la producción de orina. Esa deshidratación puede ser mitigada bebiendo mucha agua. Y si bien hay personas que juran haberse curado con una lata de bebida de cola, o con una taza de café cargado, la cafeína -advierten los expertos- causa deshidratación. Así que si usted se siente mejor después de una taza de café o una bebida de cola es por el efecto inmediato de "reanimación" que causa la cafeína en el organismo. Pero este efecto pasará pronto y la deshidratación será peor. Así que mejor evitarla.

La tradición también dice que después de beber mucho hay que comer alimentos ricos en carbohidratos -como pan o tortillas (en México)- que ayuden a acelerar el metabolismo y a desechar rápido el alcohol ingerido. También se dice que los alimentos grasosos ricos en proteínas que contienen aminoácidos -como el tocino o la carne (de los tacos mexicanos)- pueden también ayudar a "limpiar" las toxinas del organismo. Los expertos recuerdan, sin embargo, que después de una noche de copas, el sistema digestivo está muy sensible y bajo enorme presión. Así que las grasas de las salchichas o los tacos mexicanos puede más bien causar indigestión.

Los analgésicos también es mejor evitarlos. La aspirina y el ibuprofeno podrían irritar el estómago, que ya está bajo presión. Y el paracetamol (acetaminofeno) pondrá a trabajar al hígado, que ya ha estado trabajando horas extra toda la noche tratando de metabolizar el etanol. Así que si necesita desesperadamente tomar analgésicos, hágalo en moderación.

Un estudio reciente de la Escuela de Medicina Peninsula, en Inglaterra, estudió los efectos de ocho distintos agentes (cuatro medicamentos y cuatro compuestos naturales) en las resacas. Éstos incluían medicamentos para la hipertensión, para la náusea y vértigo, y analgésicos de la misma familia de la aspirina e ibuprofeno. Asimismo estudiaron el impacto de la glucosa o fructosa y suplementos naturales de alcachofa, higo, borraja y levadura.


Fuente: BBC Mundo


viernes, 27 de agosto de 2010

Anestesia: Dulces sueños?

Algunos escritos de la antigua Grecia, Egipto y China, mencionaban el uso de los narcóticos vegetales como la adormidera, la mandrágora, el estramonio, el cannabis (el hachís) y el opio, que se cultivaban en Persia e India, para producir efectos de analgesia y amnesia. Dioscórides, médico griego, aplicó la palabra “anestesia” para describir los efectos de adormecimiento de estas hierbas. Los pueblos precolombinos también apelaban a las plantas medicinales, como la coca, al insensibilizar la lengua y los labios al ser masticada, o el urú-katú como antiespasmódico y el burucuyá o el chamico como analgésicos. La anestesia moderna, apareció en 1842, en EE.UU., cuando el doctor Crawford Williamson le administró éter a un niño antes de extirparle un quiste del cuello. Dos años más tarde, el odontólogo Horace Wells comenzó a utilizar el óxido nitroso, o gas de la risa, como anestesia, después de observar sus propiedades en un espectáculo del profesor Gardner Q. Colton que se lo administraba a sus espectadores para que llegasen a un estado de euforia y excitación. El propio Wells experimentó sus beneficiosos efectos cuando uno de sus ayudantes le extrajo un diente. En 1846, William Morton, ayudante de Wells, realizó una exitosa demostración del uso del éter al aplicársela a un paciente para eliminar un tumor del cuello, propagándose su uso rápidamente. Poco después, en 1848, se utilizó el cloroformo como anestesia en un hospital de Edimburgo para practicar el primer parto sin dolor. La madre estuvo tan agradecida que llamó a su hija "Anestesia". Sin embargo, su uso se popularizó cuando la reina Victoria I del Reino Unido lo usó en el parto de su hijo Leopoldo.

La anestesia general es aquella en la cual el médico anestesiólogo induce un sueño similar, pero no igual, al sueño fisiológico, con medicamentos inyectados a través de la vena que le canalizan, en los adultos y jóvenes, o mediante la inhalación de gases en niños. Una vez se realiza la "inducción" y se relaja a la persona, se procede a colocarle un tubo orotraqueal y se conecta a la máquina de anestesia para el "mantenimiento" de la anestesia mediante gases inhalados o drogas administradas intravenosamente. El Dr. Clifford Saper del Beth Israel Deaconess Medical Center en Boston, ha demostrado que una región del mismo llamada núcleo ventrolateral preóptico (VLPO) actúa como un interruptor. Sus células se activan durante el sueñoliberando un neurotransmisor llamado GABA, que apaga la región del hipotálamo que promueve el estado de alerta. Aparentemente, las sustancias anestésicas se adhieren al neurotransmisor GABA y la región VLPO es estimulada de alguna manera, aunque todavía no se sabe exactamente cómo. En la anestesia regional solamente una parte del cuerpo es anestesiada. Para ello se utilizan anestésicos locales (entre los más conocidos están la Lidocaína y la Bupivacaína) inyectados en un sitio que permita bloquear las raíces nerviosas de esa zona. Los anestésicos locales impiden que los nervios lleven la información de que se está realizando una acción ofensiva para el organismo y por eso impiden que el cerebro desarrolle respuestas a ese estímulo.

Hay numerosos factores de los que depende la anestesia, como: el estado físico, de si se trata de cirugía de emergencia, urgencia o electiva, de la zona a operar, del riesgo inherente a la cirugía que le practicarán. El ayuno también es muy importante ya que el contenido gástrico podría regurgitarse hacia la laringe y de allí pasar a los pulmones, pudiendo producir un evento catastrófico conocido como Broncoaspiración de Contenido Gástrico, el cual se caracteriza por una neumonitis (inflamación de los pulmones), probable desarrollo de infección, con la consiguiente alteración del intercambio gaseoso (entrada de Oxígeno, eliminación de Gas Carbónico) que puede llevar a la muerte. Uno de los efectos más comunes al uso de la anestesia general son las náuseas y vómitos posteriores, por ello, son empleados fármacos antieméticos, aunque sólo reducen un 26% el riesgo de sufrir vómitos tras la anestesia. Los sujetos que tienen más riesgo de sufrir este contratiempo son las mujeres, los no fumadores, aquellos que se marean fácilmente y los que lo han padecido con anterioridad.


Consulta bibliografía asociada AQUÍ


Fuente: Ciencia Popular

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